En los Andes argentinos, a más de 4.000 metros de altura, habita un ser tan delicado como salvaje: la vicuña. De caminar silencioso y mirada ancestral, este animal es considerado sagrado por las culturas originarias de América del Sur. Su lana, una de las más finas y exclusivas del mundo, se ha utilizado desde tiempos preincaicos como símbolo de nobleza y conexión con la tierra. Hoy, en Araucaria, elegimos honrar esa herencia a través de una confección consciente, artesanal y profundamente humana.

Un origen natural y ancestral

La vicuña no puede ser domesticada. Su lana se obtiene mediante el chaku, un ritual ancestral que- consiste en rodearlas en comunidad, esquilarlas con sumo respeto y devolverlas a su hábitat. Esta práctica se remonta a más de mil años atrás y hoy continúa vigente en comunidades andinas de Perú, Bolivia, Chile y Argentina, con apoyo de políticas de conservación y protocolos éticos de esquila. La fibra solo puede extraerse cada dos o tres años de cada animal, en condiciones estrictas de cuidado y legalidad.

El resultado es una fibra naturalmente suave, térmica, ligera y resistente, que no requiere teñido: su tono dorado es el reflejo mismo del paisaje andino. Pero lo más valioso no es lo que se ve, sino lo que se honra: un ecosistema, un ritual comunitario y un respeto profundo por los ritmos de la naturaleza.

 

El arte de tejer con alma

En Araucaria, trabajamos esta fibra junto a las manos sabias y los corazones atentos de quienes tejen con alma: los llamamos sabias de corazón. Artesanas y artesanos que heredaron los saberes del telar, del bordado, del silencio y del tiempo. Con ellos confeccionamos ponchos, ruanas y chales, bordados o no, donde cada pieza es irrepetible. No solo por su diseño, sino por la historia, la espera y la identidad que la atraviesa.

Nada se produce en serie. Cada prenda se crea desde la intuición, la tradición y la belleza de lo simple. Por eso decimos que Araucaria no sigue tendencias: cuenta historias. Historias que nacen de la tierra, del viento de los cerros y de la sabiduría de sus manos.

Lujo que no grita, pero perdura

Vestir vicuña no es lucir una prenda costosa. Es abrazar una filosofía: la de lo hecho con respeto, con tiempo, con amor. En un mundo que acelera, elegimos la pausa. En un mercado que repite, elegimos lo único. Y en un contexto que olvida, elegimos recordar: que el verdadero lujo no está en lo que brilla, sino en lo que tiene alma.